CARTA DEL PADRE GIAN CARLO

Colegio Sagrado Corazon Rosario

Querida Familia del Sagrado Corazón y del San Miguel, la celebración de la Pascua, fiesta de la VIDA, está muy cerca. Es necesario preparar el corazón para recibir con alegría la salvación del Señor.
El lema de este año reza así: “Salimos, sin demora, al encuentro de la VIDA”.
La palabra “ENCUENTRO” es una palabra fuerte, grandiosa, que ilumina nuestro proyecto de vida. Encuentro significa desear, en el nombre de Jesús, querer estar con el otro, que es mi hermano. Significa valorar a mi hermano y sus dones, que son providencia de Dios para el bien de todos. Es también compartir la misión y hacernos fuertes unos a otros, para dar y servir cada día más a Cristo y a los más necesitados de ayuda, luz y consuelo. Encontrarnos con el pobre que nos desinstala y nos obliga a cambiar y buscar hacer caminos juntos.
1 – El encuentro con Jesús resucitado nos llena de alegría.
Nos aclara el papa Francisco: quien no escucha al Señor, escucha al mundo y endurece su corazón. Cuando hacemos oídos sordos a la Palabra, se nos llena el corazón de otras voces, de otros señores, de otros ídolos, y terminamos mundanizados, lejos del Dios vivo. “La alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. “Invito a cada cristiano a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso… Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos”.
2 – El encuentro con Jesús resucitado nos hace comunidad.
Cada vez que leemos en  el Evangelio el encuentro de Jesús con un hermano pecador, carenciado, y perdido en su soledad, lo vuelve a reunir a la sociedad que lo había rechazado. Es el caso de Zaqueo, de la samaritana, de Lázaro, de la Magdalena… En el encuentro, Jesús abre los ojos para descubrir que al que tengo a mi lado es mi hermano, es un regalo de Dios para mí, es una invitación a abrir el corazón para compartir con él la vida y la alegría del Evangelio.
Esta alegría es contagiosa. La revivimos en cada encuentro con el Señor en la Eucaristía, es la alegría de sabernos Iglesia, comunidad de hermanos entorno de la mesa del Pan y de la Palabra. Una alegría que se comunica, contagia y crece.
“Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz del Señor, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo de hacer el bien. Esa no es la opción de una vida digna y plena, ese no es el deseo de Dios para nosotros, esa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado”.  (Francisco)
3 – El encuentro nos hace discípulos misioneros.
El encuentro frecuente con Jesús nos contagia su amor para dar a los demás, y nos lleva a salir a anunciar la Buena Nueva del Reino que Dios quiere realizar en nuestro mundo, ese Reino que pedimos en el rezo del Padre Nuestro.
“Salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo… Prefiero una iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, ante que una iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo tiene que inquietarnos sanamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin la comunidad de la fe que los contenga, sin un horizonte que de sentido y de vida”. (Francisco).
Escuchemos las sabias palabras de nuestro papa Francisco y celebremos con responsabilidad esta Pascua del Señor Resucitado que vive entre nosotros.
Para todos un gran abrazo y un mar de felicidad.
Con la bendición del Resucitado.
P. Gian Carlo