La Intolerancia a la frustración es la patología de nuestros hijos. Lic. Fernando Osorio

Colegio Sagrado Corazon Rosario

¿Qué significa poner límites a un hijo?

Poner un límite implica frenar una conducta impulsiva que, en su manifestación, exige una “satisfacción inmediata”. El niño requiere, para su normal desarrollo, que el “responsable de la crianza” ejerza sobre él una influencia que le permita transitar su proceso de “constitución subjetiva”; es decir su conformación como persona. El niño desde pequeño, con la ayuda del adulto responsable, debe crecer tolerando que la satisfacción no sólo no sea inmediata sino que tal vez no sea, no exista simplemente. Esto también quiere decir que la presencia del adulto que limita la impulsividad permite al niño transformarse en un sujeto civilizado y permeable a las normas y a las convenciones sociales universales. La tolerancia es un aprendizaje no es psicogenético.

Prohibir el despliegue de la impulsividad (que busca satisfacción inmediata) permite que se instale, en el psiquismo del niño, un estado de frustración sano y esperable. Es necesario frustrar a los niños de querer gozar de una satisfacción inmediata y desmedida. Con esta operación los niños aprenden a soportar el displacer con el que tendrán que lidiar en la vida. Frustrar a los niños permite, también, prepararlos para tener que renunciar a esa satisfacción y en otros casos, soportar la frustración, los ayuda a inhibir la necesidad de satisfacción inmediata e incluso a postergarla.

La frustración frena la omnipotencia infantil. Este estado desorbitado de muchos niños y adolescentes posmodernos los lleva a la creencia de poder ser y tener todo lo que quieran. Por la contraria el estado de frustración permite el surgimiento de dos estructuras fundamentales para la vida del niño y del joven en sociedad: la conciencia moral y el sentimiento de culpabilidad.

La Conciencia moral permite diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal; entre lo bueno y lo malo; entre lo que se puede y no se puede hacer; entre lo que está prohibido y lo que no. Y por otro lado, el Sentimiento de Culpabilidad impide el ejercicio de una acción adversa hacia otro semejante o hacia el entorno y frena o limita las acciones de transgresión. Y al mismo tiempo frena al sujeto de decir cosas de las que se arrepentirá luego. La conciencia moral ayuda al sujeto a frenar su enojo y su ira y a comprender los hechos que derraman sobre él insatisfacción y desasosiego.

Por lo tanto, vemos claramente el valor de la frustración a una edad temprana. Lejos de traumar a los niños los prepara para la vida. Justamente los niños intolerantes, tiranos, déspotas o en su sentido inverso inhibidos, o tímidos al extremo, no son más que el reflejo de sujetos que no toleran la frustración. Por lo tanto, arremeten contra lo que se las niega o no toleran perder. Ante la posibilidad de perder dejan de participar y jugar y “patean el tablero” o se instala en ellos un estado de introversión que los aísla del mundo.

 Lic. Fernando Osorio