MENSAJE DEL PADRE GUSTAVO AGIN

Colegio Sagrado Corazon Rosario

Estimados amigos,

queremos desearles a todos un ¡muy feliz día del Sagrado Corazón!

El P. Gustavo Agín scj. nos ayuda a profundizar y meditar en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

Dediquemos este viernes un tiempo para la oración y el encuentro con el Señor. 

Que tengan un bendecido día, unidos en el Corazón Misericordioso  de Jesús.

Equipo de Laicos

EL SAGRADO CORAZÓN: UN CAMINO, DE LA DEVOCIÓN  HACIA UNA OPCIÓN POR CRISTO.

Les voy a contar, con un lenguaje sencillo,  algunos episodios de mi vida que posiblemente, para no pocos, resultarán un poco ingenuos o banales, pero que de hecho son como una recopilación amable del camino recorrido en algún momento y que después cobraron un sentido trascendente.

Hace ya casi  treinta años  (el mismo día en que fui a compartir por primera vez mi llamado vocacional al seminario de Adrogué) estaba llegando a destino en un colectivo de la línea 51 cuando de repente, un joven  -de esos que reparten estampitas por una moneda-  se acercó a mí y me entregó una estampa. Fue grande la sorpresa al ver que era una imagen del Sagrado Corazón de Jesús.  La recibí con alegría y disipó algunos temores que venían conmigo. Por muchos años la conservé. Aquella experiencia había sido como un estímulo gratuito  para lo que iba a ser una de las decisiones más importantes de mi vida: dejarlo todo para seguir a Cristo en Betharram.

De hecho me había criado en Betharram en el Colegio del Sagrado Corazón de Barracas. Ese “sagrado” no era nuevo para mí, el P. Arce me lo había presentado de muchas maneras… Ya conocía algunas costumbres y promesas como: los siete primeros viernes con confesión y comunión. Había hecho varias veces la peregrinación a pie desde la Catedral de Buenos Aires  hasta  la Basílica con el P. Amitrano. Y tenía en mi casa una imagen de yeso y madera que el P. Sobrero scj hacía en la carpintería y regalaba a algunas personas de la parroquia. Ésta mi madre la había obtenido de él por haber ido a cocinar a un campamento de Calamuchita.

Se me ocurre que estas pequeñas cosas que aparentemente no cuentan demasiado, iban llenando un espacio que más adelante se colmaría de sueños y realizaciones. El Corazón de Jesús quería algo de mi…

Ya en el seminario aprendí algunas cosas más sobre la devoción al Sagrado Corazón. Me explicaron que una vertiente más “piadosa y reparadora” procedía de las apariciones a Santa Margarita María de Alacoque. Otra línea más dinámica y próxima a San Miguel Garicoïts, provenía de San Jean Eudes, fundador de la congregación del Oratorio y autor de algunas obras sobre el Corazón de Jesús y el de María, que el Pastor de Ibarre había leído.

Meditando a San Miguel supe cuánto significa para Betharram. A él se lo debemos todo. Nos da el ser. Nos da el nombre. Le da “Todo” a nuestra “nada”. San Miguel nos llamaba a los betharramitas: apóstoles del Sagrado Corazón.

En ocasión de mi ordenación sacerdotal le pedí al  profesor Martinovich del San José -un gran artista- que me diseñara un signo que expresara el Amor del “Aquí Estoy” betharramita con dos cuadros que había en la pieza histórica de San Miguel Garicoïts. El unió los dos corazones de Jesús y de María en uno solo. El dibujo mostraba  el encuentro del “ Ecce Venio” (aquí estoy) con el “Ecce Ancilla” (aquí está la esclava).  Las Hnas. Clarisas de Moreno la bordaron. Todavía está esa casulla en la sacristía de Adrogué.

De alguna manera ese diseño expresaba  aquello que es el “oficio” del Corazón de Jesús, su obra en los corazones. Por un encuentro de fe, Jesús transforma y transfigura nuestra vida hasta hacernos nuevos. Así como se veía en ese diseño, así sucedió en el Corazón de María, cuando fue asociada de manera misteriosa y singular a la obra de la salvación de su Hijo. Y así pasa en nosotros, más discretamente.

El P. Douvignau scj en su obra: San Miguel Garicoïts “Un maestro de vida Espiritual”, tiene un pasaje que yo había meditado en los EE.EE. de San Ignacio, durante  el Noviciado, y  me había traído gran consolación:

Dice Así:

¿Quién viene? El Hijo del Dios Altísimo, Dios de Dios, luz de luz. ¡Qué majestad! ¿De dónde viene y a dónde va? Del corazón del Padre al seno de la Virgen Madre. ¡Qué camino se abre ante nosotros! (M. 912).

Y en otra parte:

El Verbo encarnado es un Dios anonadado y abnegado. ¡Qué paso desde el seno del Padre al seno de María! NO DESDEÑASTE EL SENO DE LA VIRGEN (M. 294). El Verbo encarnado, ¡cuánta bondad! ¡qué amor por este gusano de la tierra!EN EL PRINCIPIO existía el Verbo... ¡Designio de amor infinito! ¡Lo devora la sed de nuestra salvación! (M. 899).

Con el tiempo esta experiencia de Dios, que comienza con rasgos de “devoción piadosa” y con algunos “signos providenciales” (siempre ricos porque dejan huella en la vida de las personas),  va tomando un carácter distinto, más personal: el de una verdadera espiritualidad.

El P. Martín, mi Maestro de Noviciado,  siempre me decía que el sentido que debía darla a la espiritualidad del Sagrado Corazón era un sentido dinámico, no estático. Que para San Miguel Garicoïts, ese Jesús no era tanto  como el que aparece en el Vitral de la Capilla de Betharram, un Rey sentado; sino más bien como el que estaba en el Oratorio de la misma Casa: un peregrino, un caminante, uno que “Sale contento como un héroe, de su alcoba a recorrer su camino”, como dice un salmo

A mí me entusiasmaba saber que no estaba siguiendo a un ”Soberano”  que me daba garantías, ropajes, seguridades…; sino a un Jesús, Hijo amado del Padre,  desinstalado, itinerante, audaz, contento y dispuesto a servir a todos por amor. Me sentía identificado.  Solía reconocer a los betharramitas en esa actitud activa y discreta a la vez. Mi ejemplo más claro era el P. Arce, pero podría descubrirlo en todos los que conocía. Algo que no veía en otros curas.

Así fui llegando  a la visión que tengo hoy del Corazón de Jesús (teología mediante…) con lo que me dejaron los estudios y la misión.  Mi convicción es simple: el Corazón de Jesús es Jesús mismo. Todo entero. Eso significa el “corazón” en sentido bíblico. Toda la persona, sus  atributos, su personalidad, su presencia viviente.

Supe que aunque nos empeñemos en describir sus virtudes nunca llegaremos a “definirlo”.  “¿Quién puede escudriñar el corazón de Dios…? Decía San Pablo.”

Lo que podemos sí decir de Jesús se resume en una palabra que resuena y mucho en nuestra vida creyente hoy: Misericordia. En su corazón hay muchas cosas pero la que más resalta es la Misericordia. Su condescendencia llega al extremo. Su encarnación es un signo de compasión que llega a  colocarse en el lugar de todas la víctimas: por amor y para amar. Llegando hasta dar la vida. Hasta la muerte y muerte de Cruz. Por eso su corazón aparece traspasado por una lanza y coronado de amor. Jesús ama a fondo perdido. Con el fuego de su Amor “Levanta del  barro al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo entre príncipes”.

Así nos trata el Corazón de Jesús y… quiere que nos tratemos unos a otros del mismo modo.

De ahí que nuestro “programa” como bautizados, según San Miguel, no puede pasar de largo:

“Denme un corazón que ame de veras. Que crea, que saboree las cosas de Dios; que corra, que vuele detrás de nuestro Señor Jesucristo” (D.E., 90).

Mucho más habría para decir pero, pro HOY,  me detengo aquí:

Hay algo que podríamos preguntarnos entonces:

  • ¿Ha irrumpido el corazón de Jesús en mi historia personal? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por medio de quiénes?

  • ¿Ha madurado mi “devoción primera” por él,  hacia un verdadero compromiso de vida, hacia un cambio de mentalidad conforme a las exigencia del ese corazón, que se vuelva testimonio?

  • ¿Qué condimento especial, qué fuerza le aporta a  mi ser betharramita el hecho de que el modelo  sea el mismo Corazón de Jesús?

Con un fuerte abrazo y esa “tarea para el hogar” me despido de todos, deseándoles un muy feliz mes del Corazón de Jesús.

P. Gustavo scj