LOS LÍMITES EN LA CRIANZA

Colegio Sagrado Corazon Rosario

Familias de la Institución, nos volvemos a comunicar con ustedes con la finalidad de compartir algunas reflexiones sobre un tema que nos ocupa a todos. Es por eso que escogimos un artículo de la Revista Creciendo en Familia, escrito por la licenciada María del Carmen Schuh, profesora de la Pontificia Universidad Católica de Argentina.

LOS LÍMITES EN LA CRIANZA

“A lo largo de las etapas evolutivas, delimitar el camino de los chicos cobra importancia. Cada etapa representa un desafío para los padres”.

La interacción entre el vinculo con sus padres, el entorno, los docentes, la familia ampliada, hacen a la formación de la personalidad de los niños. Por eso los adultos, al ordenar el mundo de los niños, los ayudan a recorrer un camino más seguro y confiable.

Cuando se habla de autoridad se hace referencia al concepto de sostener para crecer, en función de la libertad y si bien el límite restringe algunas cosas, posibilita otras.

El mensaje tiene que ser el cuidado y la confianza. Cuando las pautas que se imparten son acompañadas de una actitud coherente podrán ser aprehendidas por los niños. La actitud firme de los padres, acompañada siempre de apoyo afectivo, permitirá su incorporación. Para lograr la adquisición de límites es necesario hablar claro, respaldar las palabras con hechos, establecer reglas de juego y brindar amos.

Limitar significa ordenar, marcar espacios y tiempos, diferenciar el mundo infantil y el adulto. Son “delimitaciones del camino, marcos contenedores y referenciales”. Estos deben ser adecuados a la etapa evolutiva, pensados y consensuados por ambos padres, coherentes, firmes y adecuados al contexto cultural.

Los limites protegen, socializan brindan un sentimiento de seguridad y protección, ofrecen puntos de referencia y modelos de conducta y aprendizaje. Permiten incorporar normas, valores, reglas de convivencia y enseñan a tolerar la frustración y a manejar los impulsos.

Los chicos aprenden por imitación con el ejemplo más que con las palabras. Los actos de los padres son los que les marcan el camino.

Un niño internaliza la ley y las normas desde muy pequeño, y se supone que en ese momento hay un adulto que lo ordena internamente. Lo que se observa últimamente es una declinación de esa función. Los padres esquivan el “no”, no ejercen la autoridad, y el niño luego tiene dificultades para la incorporar normas sociales.

Otro enemigo recurrente de los límites es el consumismo, debido a que muchos padres silencian las demandas de los niños con objetos y regalos. Se podría hablar de un mercantilismo en la crianza: “si te bañas, te compro algo”, “si haces los deberes te llevo al cine”. De esta manera, se entra en una negociación permanente con los niños, no se incorpora la norma sino la negociación.

Los límites son fundamentales para que el niño pueda incorporar una protección. Hay que enseñarles a aceptar un no, a entender que no todo saldrá siempre como lo desea, que no siempre va a lograr lo que se propone. De esta manera va a poder desarrollar tolerancia a la frustración.  Cuando un papa dice “eso no”, “basta”, “no hay mas”, le está adelantando situaciones que tarde o temprano deberá experimentar, lo esta ayudando a crecer.

Pero es importante destacar que los límites no se ponen a los gritos ni a los golpes. Basta con decir no y sostenerlo.

¿Por qué a algunos padres les cuesta poner límites a sus hijos?

Pueden tratarse de papás que:

  • Sienten que no tienen energía suficiente para enfrentarse a los chicos.
  • Intentan compensar el poco tiempo de dedicación que les pueden dar.
  • Son inseguros y tienen poca autoestima-por lo que desean ser aceptados por sus hijos- y no confían en sus propias decisiones ni en su capacidad para defenderlas.
  • Tienen opiniones distintas sobre una misma situación y desacreditan al otro progenitor.

Para que el niño se muestre dispuesto a aceptar las normas o los limites marcados por los padres, es necesario que se cumplan otras condiciones:

Ø  Que exista un buen clima familiar, de afecto y cariño.

Ø  Los padres deben estar convencidos de aquello que exigen y, por tanto, han de luchar por su cumplimiento.

Ø  Las normas marcadas por los padres han de ser claras y realmente necesarias y, por tanto, no han de ser excesivas, pues ello acabaría por convertirlas a todas en ineficaces.

Ø  Los padres deben comportarse de forma coherente a lo exigido. Es decir, que exista coherencia entre lo que se le pide al niño y lo que se hace.

Es normal que el niño quiera probar con su actitud y con su conducta, hasta donde puede llegar y cual es la reacción de los padres si sobrepasa el limite marcado, En ese momento es cuando hay que mostrarse firme porque si se cede costará mucho mas retomar nuevamente el respeto de esas normas.

LOS LIMITES SEGÚN LA ETAPA EVOLUTIVA QUE ATRAVIESA EL NIÑO

EL PRIMER AÑO DE VIDA

En el primer año de vida, la crianza se centraliza en el cuidado corporal y el sostén afectivo del bebe. En esta etapa es importante que los padres mantengan una rutina ordenada, que el niño tenga su espacio, separado de los adultos. La manera en que la madre-o el cuidador primario- atiendan las necesidades físicas y afectivas del bebe, generara en él confianza hacia su entorno.

DE 1 A 3 AÑOS

Es una etapa difícil con respecto a los límites, porque es característico  en ese periodo que los niños  presenten oposicionismo, desafío, lucha por el poder, negativismo, egocentrismo, omnipotencia. Y frente al no de los padres realizan berrinches de intensidad variada. Prueban y desafían las prohibiciones paternas para afirmar su propia independencia.

Educarlos significa habituarlos a la disciplina social, sin coartarlos en sus iniciativas creativas. Hay que explicarles por qué  se les pide las cosas.

DE 3 A 5 AÑOS

Los niños tienen un especial interés por su cuerpo y aspectos vinculados con la sexualidad, es importante enseñarles a cuidar su cuerpo, marcar los aspectos de lo íntimo y lo publico, y las pautas sociales en relación con la sexualidad, ya que el pudor no se ha estructurado todavía.

El ingreso al jardín infantes colabora en la socialización y refuerza el aprendizaje de normas y rutinas que habían comenzado a aprender dentro del ámbito familiar.

Cuando no se han puesto límites adecuados en la familia suelen aparecer dificultades en la adaptación del jardín.

DE 6 A 12 AÑOS

En este largo período, los chicos han incorporado e internalizado las normas y pautas de conducta que la familia estimulo. Ya comprenden la causalidad lógica de los hechos y son más razonables.

En esta etapa, la escuela y los padres deberían mantener una coherencia en los discursos con relación a lo permitido y lo no permitido, ya que la escolaridad es un eje a partir del cual se organizan las rutinas de los niños y también sus contactos sociales.

Cuando un niño no puede cumplir normas y se extralimita permanentemente es necesario preguntarse qué falla.

DE 12 A 18 AÑOS

En esta etapa se presentan cambios significativos en la conducta.

Es una época de gran ansiedad, originada a partir de los cambios corporales, la separación marcada de sus padres y el cambio en el entorno. En general se establecen discusiones en relación con la vestimenta, el orden, horarios y salidas, libertades y permisos.

Los límites deben ser manejados desde una actitud empática y de comprensión.

También los padres tienen dificultades para aceptar el crecimiento y los cambios. Esta incomprensión a veces se oculta en el otorgamiento de una excesiva libertad, que el adolescente no puede manejar y puede vivir como abandono.

Es necesario dar libertad pero con límites, lo que se traduce en cuidados, cautela, observación, contacto afectivo permanente, dialogo, para ir siguiendo paso a paso la evolución de las necesidades y de los cambios en el hijo.

En síntesis: conviene fijar reglas claras de convivencia y evitar largos sermones.