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MANIFIESTO INSTITUCIONAL EN DEFENSA DE LAS DOS VIDAS

Colegio Sagrado Corazon, Rosario, Santa Fe

Desde el Proyecto Educativo betharramita decimos:

Los betharramitas creemos que la vida siempre es un bien. Es una respuesta posible y generosa a las injusticias y desafíos de cada tiempo, es un Don.

Aún en situaciones en que pueda resultar inoportuna o incomoda, aunque no responda a nuestros ideales o expectativas, a nuestro proyecto de vida ni a nuestro deseo, la vida nos trasciende.

El don de la existencia humana, es una realidad que supera lo ideológico y lo confesional, y conmueve a toda persona que busca sinceramente la verdad y se compadece por el otro.

No estamos ante una guerra de creyentes y no creyentes, estamos ante una realidad que hace opción por defender incondicionalmente el valor de la vida humana y en la que participan todos los que defendemos el valor de las dos vidas.-

Sabemos, gracias al avance de la biología celular, la embriología y la genética, que la vida humana comienza desde la fecundación. Vida humana individual, única e irrepetible que se desenvolverá y expresará a lo largo de distintos momentos vitales: embrión, feto, bebe, niñez, pubertad, adultez y vejez. Cada una de ellas es una expresión de su valor y dignidad, siempre e incondicionalmente.

Nos preocupa:

-  La creciente relativización del valor de la Vida humana.

-  La sujeción de la misma a criterios utilitaristas que reducen a la persona a un mero objeto de descarte.

-  Las publicaciones en redes sociales y de la agenda mediática que ridiculiza hasta el extremo al que piensa o vive distinto; y la constatación que gran parte de nuestros jóvenes forman su conciencia y capacidad de discernir a partir de estos medios.

-  Una supuesta cultura del “dialogo” en la que no se busca la verdad, sino “tener la razón”.

Velamos por:

-  Concientizar acerca del valor y el cuidado de las dos vidas humanas ante la tragedia del aborto.

-  En abrir espacios de reflexión y formación basados en el respeto y la veracidad de los argumentos.

-  En acompañar procesos personales que lejos están de constituir situaciones ideales, pero que son oportunidades de crecimiento y madurez.

-  En no negar los conflictos: “Ante el conflicto, algunos simplemente lo miran y siguen adelante como si nada pasara, se lavan las manos para poder continuar con su vida. Otros entran de tal manera en el conflicto que quedan prisioneros, pierden horizontes, proyectan en las instituciones las propias confusiones e insatisfacciones y así la unidad se vuelve imposible. Pero hay una tercera manera, la más adecuada de situarse ante el conflicto. Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso. «¡Felices los que trabajan por la paz!» (Mt 5,9)”- Papa Francisco

Invitamos:

-  A cada familia a dedicar un tiempo de escucha atenta y reflexión en esta semana tan significativa.

-  A sentarse juntos, sin apuros. A destinar unos minutos a dialogar sobre el valor de la vida humana, sobre el valor de nuestra vida. Para ello, les ofrecemos como recurso esta breve alocución del Papa Francisco:

“Permiso”, “Gracias”, “Perdón”: son palabras que abren el camino para vivir bien en la familia, para vivir en paz. Son palabras simples, aunque no simples para poner en práctica. Encierran una gran fuerza; la fuerza de custodiar la casa, también a través de miles dificultades y pruebas; en cambio, su falta, poco a poco abre grietas que pueden hacerla incluso derrumbar.

La primera palabra es “permiso”.  Entrar en la vida del otro, incluso cuando es parte de nuestra vida, necesita la delicadeza de una actitud no invasiva, que renueve la confianza y el respeto.

La segunda palabra es “gracias”. Ciertas veces pensamos que estamos transformándonos en una civilización de malos modales y de malas palabras, como si fueran un signo de emancipación. Tantas veces las escuchamos decir públicamente. La gentileza y la capacidad de agradecer son vistas como un signo de debilidad, a veces suscitan incluso desconfianza. Esta tendencia debe ser contrastada en el seno mismo de la familia. Debemos hacernos intransigentes sobre la educación a la gratitud, al reconocimiento: la dignidad de la persona y la justicia social pasan ambas por aquí. Si la vida familiar descuida este estilo, también la vida social lo perderá.

La tercera palabra es “perdón”. Palabra difícil, cierto, sin embargo tan necesaria. Cuando falta, pequeñas grietas se ensanchan – también sin quererlo – hasta transformarse en fosos profundos. Reconocer haber faltado y ser deseosos de restituir lo que se ha quitado – respeto, sinceridad, amor – nos hace dignos del perdón. Y así se detiene la infección. Si no somos capaces de disculparnos, quiere decir que ni siquiera somos capaces de perdonar. En la casa donde no se pide perdón comienza a faltar el aire, las aguas se vuelven estancadas. Tantas heridas de los afectos, tantas laceraciones en las familias comienzan con la perdida de esta palabra preciosa: “discúlpame”.

Estas tres palabras, claves de la familia, son palabras simples y quizás, en un primer momento, hasta provoquen risa. Pero cuando las olvidamos, no hay nada para reír. Nuestra educación, quizás, las descuida demasiado. El Señor nos ayude a volverlas a poner en el justo lugar, en nuestro corazón, en nuestra casa, y también en nuestra convivencia civil. Son tres palabras que nos permiten entrar realmente en el amor de la familia y sanar. Nunca terminen la jornada sin hacer las paces.

Somos conscientes que: el futuro de la humanidad se fragua en la familia (S. Juan pablo II – Familiaris Consortio) Si transformamos cada hogar en expresión de una nueva humanidad, fundada en la cultura del diálogo y el encuentro, el valor de la vida humana resplandecerá, el valor de estar juntos en los momentos difíciles hará más livianas las cargas, la fuerza del amor nos hará ¡CUIDAR LA VIDA, SIEMPRE!